Detonadores

El tiempo es relativo, la realidad es subjetiva pero todos tenemos y llegamos a un punto de quiebre en un cierto momento y con una cierto suceso. Podría parecer esto un trabalenguas o una cita capciosa y sí, para allá voy….



Habían pasado prácticamente tres meses de mi contingencia por la pandemia.

Desde hace 12 semanas estaba adentrada en algo que comenzó como una contingencia temporal pero que ahora era mi “nueva normalidad”; trabajar desde casa, generar nuevas rutinas, preparar y algunas veces medio improvisar todos mis alimentos diariamente, pasar todo el día cerca de Brownie, estar pendiente del camión de la basura, limpiar con mayor frecuencia la casa, sin las voces de mis amigos o los chistecillos y risas del ambiente Godín, sin poder besar o abrazar a mis padres, ponerme el cubrebocas e ir acompañada siempre de un gel antibacterial cuando salía a comprar los viveres, sin usar tacones o producirme el arreglo personal como cuando en mis días de oficina. Aprendiendo a tener reuniones familiares por zoom, programando llamadas con algunos de mis amigos por skype, con otros más generándome momentos específicos para mensajear vía Whatsapp e ir más allá de un simple: “te mando saludos”, aguantando lo que las autoridades llamaron “distanciamendo social”.

La situación lo ameritaba, según decían es la manera más eficaz de protegernos, pero con la dualidad que me caracteriza cada vez que escuchaba esa frase horrososa de Distanciamiento Social pensaba: ¿neta?, ¿es en serio?, ¿Cuánto tiempo?, somos seres sociales, ¿cuanto tiempo vamos a resistir así?, ¿se puede uno morir de distanciamiento, de soledad?, tal vez no muramos del bicho pero, ¿Cómo impactará en nuestras vidas esta distanciamiento de aquellos a los que amamos, de aquellos que nos dan vida, o aquellos que simplemente nos acompañan en la cotidianidad de la vida?, somos seres sociables.

Esta pandemia llego para sacudirnos fuertemente. Algunas veces siento que no tengo idea de lo que esta pasando, que mi mente no alcanza a dimensionar la situación real, algunas otras pienso que esto es un gran llamado del universo, un regalo que la vida nos está dando para ir a lo esencial, para redefinir lo que es importante para nosotros, para bajar el ritmo, para respirar, para valorar, para fortalecernos desde adentro, desde lo profundo, de ir a la raíz, y claro, yo hablo desde mi perspectiva, desde una posición privilegiada en donde puedo trabajar desde casa, con alimento seguro, entiendo que cada situación es única y como todo en la vida cada quien mira y toma esta situación como puede con lo mejor que tiene.

Deseo, anhelo, abrazar a mis padres, ir a comer delicioso a mi restaurante favorito, subirme a un avión, ir al café con mis amigas, echarme los tragos en compañía, y tantas cosas que me faltan de la vieja normalidad pero fue hasta hoy que pude sentir en lo profundo ese dolorcito de todo aquello que se nos arranco.

Dentro de las nuevas formas de adaptación en esta era, hoy tuve la oportunidad de ver vía streaming una obra teatral. Una puesta en escena que me había quedado con ganas de ver y que ahora las consecuencias de la pandemia la traían hasta la sala de mi casa, ¡sí!, si hace un año me hubieran dicho que vería en mi computadora una obra teatral hubiera pensando que era lo más absurdo, pues hoy sucedió. Y una vez más, mi lema se hizo presente; las cosas pasan por algo; haber comprado el acceso para ver la obra parecía una buena forma de pasar un sábado diferente y lo fue pero no sabía el gran detonador que esto sería...

En cuanto vi a Chumel Torres dentro de ese escenario, las luces, la escenografía, él en personaje, la piel se me erizo. Mi mamá me enseño el gusto por el teatro, no es que sea una conocedora, de hecho sé muy poco y suelo olvidar los detalles como el nombre de la obra o como a que talentos ya he visto en escena, no soy una clavada del tema, a mi el teatro y el cine me gustan por los personajes, me gusta adentrarme en otra forma de vivir, de pensar, de ser de alguien. Hace no mucho que descubrí mi fascinación por el comportamiento humano y la emotividad de sus acciones, de manera que, poder por un momento entender la naturaleza, los dolores y los anhelos de otro ser me atrapa y me llena los sentidos.

Y ahí estaba yo, acompañada de una rebanada de pastel de elote y de unos suculentos tragos que una linda persona con deseos de hacerme sentir su cercanía, había tenido a bien enviarme por paquetería, sin saber que llegarían en el momento justo.

¡Que obra!, quedé maravillada de la capacidad histríonica de mi ex crush Chumel Torres, y vamos sabemos que el señor no es actor de profesión por eso es que más sorprendida quedé con su desempeño, que por cierto, desarrollaré en otro relato lo que sus más de 36 personajes dejaron en mi, acá el punto es otro.

Terminó la obra e instintivamente aplaudí fuerte y con la emoción a flor de piel, ahí, yo sola conmigo, inmediatamente caí en cuenta que ni el protagonista ni la producción podrían escucharme, acto seguido; lloré. Hasta ese momento me cayo el gran veinte de lo que significaba el distanciamiento social, de lo cruel que es.

El teatro es arte vivo, quien disfruta del teatro entiende lo maravilloso que es sentir la energía moverse ahí mismo, de los actores para el público y del público para los actores. Las emociones están vivas, se mueven, responden y hoy, a mí como espectadora me había faltado sentír su energía, y a ellos, los creadores les había faltado la mía.

Y es así como los detonadores aparecen cuando menos lo esperamos, donde menos lo planeamos.

No es que no me hubiera sentido mal antes por estar sola, no es que no entendiera el significado de esa frase horrorosa que ni siquiera quiero volver a escribir, es que algunas situaciones que la vida nos presenta son tan fuertes que para digerirlas se requiere tiempo, y que vaya, ni siquiera es que seamos conscientes, no es que “nos aguantemos” es que nuestro propio mecanismo de supervivencia es tan sabio que va tejiendo su caminito y entonces, con eso que menos sospechas, ¡zas! brota y desencadena en ti esa explosión pero no es casualidad, cuando estos detonadores suceden es porque estabas listo para asumir y entender eso que estaba pasando.

En esta era de la humanidad a mi me sucedió con esto pero pasa con muchas de aquellas cosas que la vida nos presenta y para las cuales no estábamos preparados; la muerte de alguien que queremos, el rompimiento de una relación que valorábamos mucho, un cambio de ciudad, un enamoramiento intempestivo, la perdida de un empleo, la llegada de un hijo. Son cosas tan fuertes que cuando llegan hay que enfrentarlas y ya, no nos detenemos a pensar si podemos con ello o no, bueno, tal vez si nos lo cuestionemos un tanto, nos preocupemos y hasta lloremos un poquito pero en ese momento lo que hacemos es enfrentarla y reaccionar ante la situación. Sin embargo creo que cuando la vida nos presenta esta situaciones tan fuertes que internamente nos hacen movernos y evolucionar de aquello que éramos, no nos cae el veinte luego luego, pueden pasar semanas, meses y a veces hasta años para que sintamos, entendamos y aceptemos eso que es una nueva realidad.

Por Liz Servin

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