El divorcio. Mi divorcio.

Actualizado: sep 10

La visión contemporánea de una divorciada del siglo XXI.

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O si prefieres leer, aquí va:


Me casé pensando que era para siempre y no, no fue así.

Cada quién habla de la feria según como le va y aquí va mi versión del divorcio…


Alex me acompaño a caminar la vida por casi 13 años, 5 de ellos en matrimonio.

Un ser maravilloso, al que le estaré agradecida los años que me queden, a quien le guardaré un amor eterno y al hombre que hoy, termino de soltar con el profundo deseo de que encuentre un nuevo camino que lo haga volver a vibrar.

Como cualquier pareja tuvimos una vida llena de todas las emociones, de muchas etapas, de felicidad compartida, del vaivén y desgaste del tiempo y la cotidianidad, superamos muchas pero, peeeeero, llego un día que ya no pudimos recomponer.

Hace poco más de dos años que decidimos, de mutuo acuerdo, tomar una separación temporal a fin de clarificar aquello que había en nuestros adentros y que parecía que ya no nos dejaba mirarnos en la luz.

Un año después decidimos que no había marcha atrás.

El paso siguiente; firmar el divorcio. Nuevamente de mutuo acuerdo, y aunque suene irónico, con dolor pero en paz y con amor por el otro.

Después de más de 700 noche, desde la primera noche que nos separamos, sí así de cursi e intensa, lo puedo escribir con claridad y tranquilidad. Pasaron más de 700 días para que pudiera llegar a este punto, medio entender lo que es un divorcio, sentirme fuerte de nuevo, entera, en paz, agradecida por el pasado que compartimos y encaminada hacia un futuro prometedor.

Aunque la disolución del matrimonio, en nuestro país existe hace casi 100 años, el divorcio sigue siendo un tabú y lo experimente en carne propia. Hay una gran connotación social que ameritaría un libro entero pero no este el espacio, lo que yo quiero plasmar aquí es como ha sido vivirme como una mujer divorciada en pleno siglo XXI, por que ya que estamos en la novedad de normalizar y visibilizar muchas de las cuestiones que pasan en la vida, creo que el divorcio como una medida de amor y no de odio debería de normalizarse. Ojo, no es esta una invitación a promover el divorcio; si bien, en mi opinión creo que el matrimonio debe ajustarse un poco a las nuevas necesidades de esta era, sigo creyendo que es una gran forma de vivirse en pareja, viví muchos años feliz de estar ahí, que después se nos haya terminado el cuento tiene más que ver con los protagonistas del cuento que con el cuento en sí.

El compañero que elegí para vivir mi primer matrimonio (sin saberlo así en aquella época, ahora ya hasta con humor lo puedo ver), dejó en mí momentos para la eternidad, aprendizajes maravillosos y sí, también heridas profundas. Sin embargo en esta historia no hay villanos, en todo caso hay dos víctimas y dos victimarios, ambos somos responsables de estar en este punto de la vida.

A dos años de distancia aun hay preguntas en el aire que de pronto me invaden, y aunque no hay una respuesta única, sí hay respuestas….

¿Qué nos paso?

Cambiamos. Evolucionamos. Ya no queríamos lo mismo de la vida.

¿Se nos acabo el amor?

Se transformo. Justo en el momento que la evolución de la vida nos alcanzo.

¿Habremos renunciado muy pronto?

No. Renunciamos cuando ya no podíamos más. Todas las fuerzas y el amor que teníamos en aquel punto en que tomamos la decisión era nuestro 100% de ese momento, era todo lo que teníamos y lo dimos.

No podemos juzgar el pasado con los ojos del presente, pero sí podemos construir un futuro con los aprendizajes del pasado.

¿Qué hice mal?, ¿Me equivoqué?, ¿La cague?...

Otra ronda de preguntas que los primeros meses me laceraba las heridas. Hoy tengo una respuesta para cada una, escribirlas aquí sería ya desnudarme demasiado, el que pueda identificar mis fallas conmigo misma es una confrontación suficiente.

Y sí, claro que me equivoqué, claro que la mitad de la responsabilidad es mía, una relación de dos termina por esos dos, por lo que se hizo pero también por lo que se dejó de hacer, consciente e inconscientemente. No es este el caso, pero aún y cuando hay infidelidad, la responsabilidad es de ambos, el tercero es la salida, no el problema.

Mientras atravesaba mi duelo me encontré con la sorpresa de que como sociedad no sabemos como hablar de un divorcio, contrario a cuando sucede el primer requisito para este paso; la boda. Cuando uno se casa todo el mundo te felicita, muchos te preguntan por los preparativos, los regalos por anticipado y los apoyos para la fiesta son una constante, cosa que se agradece infinitamente, compartir esa felicidad de la unión social en pareja es todo un acontecimiento, es una de las emociones más bonitas y tener la cercanía y el apoyo de los que quieres hacen el momento aún más mágico.

Peeeero, así como la vida esta directamente ligada a la muerte, el matrimonio esta estrechamente ligado con el divorcio y cuando un divorcio llega, como muchos duelos, todo lo que se mueve alrededor suele ser doloroso, incomodo, confuso, en soledad, en silencio.

Yo tuve la fortuna de contar con una red de apoyo maravillosa, empezando por mis padres, mi familia y mis amistades más cercanas. Les comuniqué el proceso que iba a atravesar, que por favor me tuvieran paciencia porque ni yo sabía a lo que me iba a enfrentar pero también, que por favor, se mantuvieran cerca. La contención, el apoyo y el amor fueron cruciales para que yo atravesara ese duelo de la manera menos lastimosa. Y gracias, gracias a todos los que estuvieron presentes, ayudándome con su cariño a mantenerme ya no digamos de pie, sino con vida.

Un divorcio es de los golpes más duros, ya sea por elección o por que te llego. Pero es como saber que eso que deseabas para tu vida esta ahí y no puedes tenerlo, no es esto una competencia de a quien le duele más, y vaya son situaciones muy diferente pero cuando alguien que amas muere sabes que no está en tus manos hacerlo volver, contrario a un divorcio, que la persona, la situación están ahí, a unos metros pero estás imposibilitado para hacer volver aquello que una vez fue felicidad.

Los que decidimos adentrarnos en el insospechado mundo del amor no tenemos escapatoria de experimentar el dolor y las emociones densas. Son parte del paquete.

Los que hemos estado en un matrimonio sabemos que puede ser la gloria pero también puede convertirse en algo que te va apagando de a poco y sin darte cuenta.

En las cuestiones profundas y genuinas del amor no hay héroes o villanos.

Decidir quedarse implica pagar un costo. Decidir irse, también.

Cuando yo enfrenté mi divorcio lo perdí todo, toooodo lo esencial, incluida a mi misma.

Mirarme sin él después de esos años me hizo perder el sentido de vida, el desgaste de intentar rescatar lo que construimos me dejo sin fuerzas y un tanto perdida de quien yo era. De pronto, me encontré sola, en una casa alimentada con su risa, su tono de voz pero vacía de su presencia. Sin saber que hacer, como seguir, que hacer con mis domingos o como pagar la luz, que era parte de los temas que él se encargaba. Fue caótico, desconcertante, voraz; la sensación de perdida se mantenía latente día y noche, lloré mucho, todo lo que pude, todo lo que necesité, hasta que un día lloré y pensé: ah caray, ayer no lloré, y después otro día y me di cuenta qué había perdido el conteo de cuantos días habían pasado sin que llorara….

Han pasado más de dos años de aquella primera noche en que me sentí perdida en medio la nada. La reconstrucción me ha costado, me costo tiempo, esfuerzo, dinero, muchas horas de terapia pero más allá de lo que se puede cuantificar me costó creencias, ideologías, sueños, personas, además de él perdí a su familia que para ese entonces ya también los había hecho parte de mi.

Alex y yo, hoy estamos en paz, tenemos una buena y cordial relación. Hablamos de vez en cuando, aún nos mantenemos pendientes de si el otro esta bien, conscientes de que este tipo de interacción podrá cambiar cuando alguno de los dos tenga una nueva pareja.

Y vaya, una vez experimentado, sí, sigo creyendo que el estado más pleno del ser humano puede ser alcanzado en pareja, ahí donde te reflejas y te encuentras en el otro, donde te sientes amado y donde tu amor alimenta y nutre la existencia del otro.

El amor que el y yo construimos mutó. Fuimos afortunados en elegirnos al principio de los tiempos y fuimos bendecidos al momento de soltarnos; conscientes de que nuestra etapa como pareja había concluido, la admiración, el respeto y el amor que tenemos por el otro como seres humanos esta presente. Terminamos un capítulo de la vida con gratitud y en paz. Soltar es otra forma amar, liberar es otra forma de procurar la felicidad, aceptar que ya no hay para ti un lugar ahí es duro, duele, pero para mi, duele más quedarte donde ya no cabes, donde ya no hay espacio para ti.

La tempestad ha dado a luz a una nueva Liz, se reconstruyo de entre las cenizas, ¿cómo? no sé, no tengo una respuesta única; el amor a la vida, supongo y por supuesto el amor de los que están cerca de mi.

Me convertí en un ser, más resiliente, más sensible, más humano.

Se me cayó un mundo pero la vida es tan maravillosa que me mostró que podía edificar uno nuevo. Tuve que dejar de pensar en el futuro para sanar día a día las heridas, vivir un día a la vez para reconstruirme, sigo sacudiendo el remanente y ahora es tiempo de volver a soñar, de volver a confiar en la vida. Brownie, mi roomie canino, una casa y vivirme en un cuerpo más saludable son parte de la ganancia.

En mi nueva versión, el “para siempre” se traduce al tiempo en que eso se mantenga latente, al plazo en que ese amor genere vida. Tal vez esté equivocada, tal vez sea la voz de mis heridas o tal vez sea una forma contemporánea de amar, pero hoy esta mi definición del para siempre.

Todos merecemos un amor bonito, un amor real, un amor que nos impulse a ser mejores, que nos motive a la transformación, que nos enganche a la vida pero también tenemos la responsabilidad de ser eso para quién tenemos enfrente, cuando eso ya no se cumple, tal vez la misión entre esos seres ha sido completada. Y esta bien, no todos los amores son para siempre, el tiempo no determina cuanto se amó, cuanto amor existió. Es más ¿cómo se puede medir el amor?

A quienes están pasando por un momento como este: sí se puede, un día a la vez, tú eres más fuerte que estas circunstancias. Agarrarte de libros, terapia, ejercicio, hobbies o lo que sea necesario para mantenerte a flote, es válido. Hacer rendición y apoyarte en la gente que te quiere, también se vale. Un día todo esto pasará.

A quienes conocen a alguien que esta atravesando un proceso de divorcio: manténganse cerca y sean pacientes con esa persona, es algo tan fuerte, algo que difícilmente se puede poner en palabras, en un matrimonio se establecen vínculos y lazos invisibles, profundos y cotidianos que diluirlos es un esfuerzo diario. Algunas veces un mensaje de: “Estoy aquí, contigo. Que sea un buen día” vale oro.

A los que se sienten perdidos en un matrimonio: pongan distancia de por medio; el tiempo y el espacio no solucionará las cosas, eso lo tendrán que hacer ustedes pero la distancia sí les hará ver con mayor claridad y objetividad.

A los que se encuentran en un matrimonio que les sigue nutriendo y haciendo sentir amados: ¡Felicidades! Continúen, sigan alimentando esa plantita, el crecimiento o el deterioro se genera día a día.

Para cerrar, recuerdo que hace tiempo, en una foto de FB le comenté a una amiga que se veía fabulosa, que estaba en su mejor etapa y me dio una gran lección con su respuesta: “Amiga, el presente es siempre la mejor etapa”, ¡Wooow!, sus palabras tuvieron un gran impacto en mi, hoy mejor que nunca lo entiendo. Hace 7 años, fue mi mejor etapa, hoy es mi mejor etapa y sé que la próxima vez que me enamore será mi mejor etapa. El mejor momento es hoy.

Por Liz Servin

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