El machismo en tiempos de Millennials

Nuestra generación ha crecido en condiciones particulares, libertad de expresión, información al instante, mayor equidad género, amor libre… pero, quienes nos educaron para vivir en estos tiempos hicieron una distinción remarcable. Hoy a mis treinta, y sin afán de generalizar, me doy cuenta de lo distinto que nos educaron a los hombres y mujeres que estamos ahora en la adultez, y porqué nuestras expectativas distan tanto, porque mis amigas solteras parecen tardarse tanto en encontrar al hombre adecuado y porque mis amigas casadas se/nos quejamos reiterativamente.



Tuve una relación seria antes de casarme que duró cerca de cinco años, yo tenía 22 cuanto empezamos y él 32, no era un millennial y tenía el carácter del típico macho, pequeñas señales de alerta que se fueron agravando con el tiempo, esas que mi mamá siempre me advirtió, eran muy fáciles de identificar. Me estaba tratando de manipular, le molestaba que tuviera cierto tipo de amigos, se burlaba de mis aspiraciones laborales, siempre tenía un comentario sobre la forma en la que me vestía, sus reacciones ante el enojo eran violentas, etc. el machismo clásico para el que ya estamos inmunizados, por supuesto lo dejé, pero mi mamá jamás me advirtió, porque no tenía forma de haberlo sabido, del machismo moderno, de los hijos de sus contemporáneas, esos hijos que habían sido educados para expresar lo que sienten, para ayudar en la casa, para jamás golpear a una mujer, para llorar sin pena. ¿Pero dónde está la advertencia entonces?, ¿Qué es lo que hay que cuidar?


Cuando por fin tuve una relación seria con un millennial descifrar cuando estas siendo manipulada es mucho más complejo, o tal vez, al no haber antecedentes, te sorprendes al reconocerlo. Este era un hombre tranquilo, incluso feliz con mi éxito, creía en dividir las tareas hogareñas equitativamente, repartíamos los gastos, los planes eran similares y en los desacuerdos… en los desacuerdos le gustaba sentarse a expresar sus sentimientos y, como último recurso tal vez ante el argumento fallido, podrías encontrarlo llorando después. Yo ya había escuchado todo sobre su infancia, sus carencias, el padre ausente, la familia disfuncional, me conmovía su plática, sabía que había algo roto en él, me daban ganas de sanarlo y después… esa compasión se volvió contra mí. Ya antes me habían dicho, más de una de mis parejas, que no me expresaba lo suficiente, que no era tan cariñosa como ellos quisieran o tan empática y empezó a crecer en mi esta conciencia de que tal vez yo era la que estaba mal, la que no era lo suficientemente sensible y por eso no podía entender su molestia, su dolor, sus ganas de hacer lo que él quería.



Y así, después de una infidelidad, en nuestra pelea más dura, la que definiría el futuro de nuestra relación, después de pedir perdón, de enojarse, de que se le agotaron los argumentos, entonces, de un momento a otro, corrió a una esquina de la habitación, se desplomo al suelo llorando como un niño repitiendo “no, no, no”. Parecía que le faltaba el aire, yo lo veía desde la otra esquina, estupefacta ¿Cómo carajos debo reaccionar a eso? ¿su trauma de la infancia le hace creer que yo olvidaré el dolor que me ha causado solo porque él no ha sabido afrontar sus miedos? Y después de esa escena, platicando con mis amigas me di cuenta, si hay factores comunes, si bien los hombres de esta generación son sensibles y empáticos, al igual que las mujeres, saben que armas usar cuando es necesario.


A nuestra generación nos dijeron que aspiráramos a todo, que lucháramos, que no solo se trataba de lo que sentíamos. ¿Es esa la diferencia? Y veo a grandes parejas que conozco y admiro y veo su historia, hijas de divorcio o viudas, hijos de matrimonios separados. ¿Es acaso eso? ¿La generación que crió a las hijas y a los hijos que deberían formar las siguientes familias les inculcaron aspiraciones irreconciliables? Y ¿qué pasa si yo no quiero un hombre que llora por todo? Así como mi papa no lloraba y como yo no lo hago. Y ¿qué pasa si yo quiero hacer uso de mi libertad y que él tome la mitad de las responsabilidades como es justo? pero jamás lo recogeré de una esquina pidiendo por su mamá, cuando la mía me dijo que corriera a ser libre.



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