La pregunta más trillada

¿Qué es el amor?

No vacilaba en el título cuando dije que es la pregunta más trillada.

Me atrevo a decir que todos los humanos que rebasan los 13 años, al menos una vez se han hecho esa pregunta. Me atrevo a decir, sin estadísticas investigadas, que “el amor” es de los temas, más usados, más explorados y explotados en la historia de la humanidad y del que espero que se siga hablando hasta el final de la existencia humana, y es que, ¿qué sentido tiene la vida sin el amor?

El amor es universal, infinito y existe en todas las presentaciones pero hay uno que en especial llama nuestra atención, nos llena, nos perturba, nos obsesiona y nos ocupa gran parte de la vida; el amor romántico.

A lo largo de mis años son muchos los mensajes que he recibido sobre lo que es el amor, sobre como se siente, sobre como “debería” de ser. Algunas ideas, durante mi infancia, se las compré a Disney, otras que observé por ahí las rechacé desde el inicio por ser incomprensibles o lejanas a mi entorno, unas más las fabriqué desde el dolor que alguna experiencia me causó y bueno, otras las fui adoptando como escudo para mis miedos y vacíos.



Por muchos años esas ideas me ayudaron, me protegieron, también me lastimaron o frustraron pero sin duda me hicieron vivir y sentir el amor, o vamos, lo que yo había definido que era el amor en aquel momento.

Con entera firmeza sé que he vivido el amor. Pero hoy menos que nunca puedo definirlo. La vida me ha llevado por una revolución interna para la cual cualquier definición o idea que yo tuviera acerca del amor ha quedado diluida, y no me malinterpreten, no es que me haya convertido en un grinch y ahora ya no crea en el amor, todo lo contrario, hoy estoy más convencida que es el amor es la fuerza más sublime y poderosa de la vida.

Alguna vez escuché decir a alguien que la vida es fácil, sencilla, que somos nosotros los que la complicamos y creo que aplica perfecto para este tema. Solo hay una definición que yo podría darle hoy, y es que el amor es el motor más grande de la existencia humana, fuera de ello creo que el amor es todo aquello que nosotros queremos que sea, desde los preceptos preconcebidos y limitantes que hay en nuestro ADN familiar, hasta aquellas cosas insospechadas que vamos descubriendo al cruzarnos con ese alguien que despierta, activa y nos hace conectar con la vibración más alta de las emociones, ese momento de vida cuando decidimos abrir el corazón aun a riesgo de lo que pase, porque una vez que hayamos cruzado ese umbral no volveremos a ser los mismos.

El amor es todo y es nada, no se puede tocar pero se puede sentir, no se puede limitar y sí se puede desbordar, el amor se respira y se transpira. El amor se vive, se trasforma, muta, cambia, evoluciona, te hace perderte pero al mismo tiempo te hace encontrarle sentido a la vida.

El amor hace bien.

Todos tenemos un motor de amor, algunos lo han olvidado, otros ni siquiera se han molestado en encenderlo, hay también quienes lo tiene un poco averiado pero está ahí, en cada uno de nosotros.

No dejes o no esperes que alguien más te diga cómo encender o como usar tu motor, no se ha hecho un instructivo para ello ya que cada motor es peculiar, único. Escúchale, escúchate, en tus adentros esta la respuesta al uso responsable de tu motor.

No tengas miedo de amar, atrévete a hacerlo de nuevo, admite cambios en tu formas de amar, equivócate y vuelve a intentar, cuestiona si la definición que tenías del amor sigue estando vigente en tu días, entrégate y fluye con el amor, total, el que ama, el que verdaderamente ama siempre será un ganador, aún y cuando no haya un para siempre, aún y cuando no haya promesas de por medio, aún y cuando ese soplo de vida ya sea solo un recuerdo, todo aquello que tu ser sintió, todo aquello de tu ser se transformó ya es tuyo, ya lo sentiste, ya lo gozaste, ya despertaste tu motor de amor y solo por eso ya ganaste.

El privilegio del que ama no es lo que le dan, es lo que descubre de sí mismo y de la vida cuando aquella chispa se enciende. Cuando se vive en el amor no es lo que el otro te da, es lo que tu puedes alcanzar al estar traspasado por esa poderosa fuerza.

A veces el amor está ahí donde menos lo imaginamos, donde menos lo planeamos, donde no le esperábamos pero está, surge, nos habita, nos atrapa, y negarnos a él sería un desperdicio.

Hoy no puedo ni quiero definir el amor.

En mis cortos años he aprendido que el amor no se planea, que le gusta la libertad y por lo tanto no permite ser encasillado, que intentar atraparlo o meterlo en un molde para el que no fue construido puede mutilarlo, lacerarlo y hacerle tener una lenta agonía o peor aún, apretarlo en una cajita como si fuera algo limitado es la fórmula menos optimista de mantenerlo vivo. En el mundo contemporáneo suponer que un anillo o un contrato civil matrimonial garantizarán que el amor perdure por la eternidad me parece que es uno de los mayores engaños que nos han hecho creer.

Hoy quiero dejarme sorprender descubriendo nuevas formas de amar, de vivirme en el amor, de sentir y de evolucionar quien soy a través del amor, empezando por el amor a mi misma, por reconciliarme con quien soy, por amarme en totalidad, reconociendo mis monstruos y demonios, en la imperfección y con el valor de ser única.

Y vamos, con todo lo “romántico” que he escrito del amor creo que el amor tampoco es para tomárnoslo tan en serio. Hoy escribo estos, mis preceptos del amor en este momento de mi vida pero es muy probable que en unos años esta seudo definición ya haya cambiado, ya esté caduca u obsoleta y entonces volveré a cuestionarme mis ideas del amor y ¡que chingón! porque entonces, mi única certeza es y será que el amor vive en la evolución y transformación, como la vida misma.

Que no se forza, ni se planea, el amor es y ya, que con la misma naturalidad de la vida un día puede cambia de forma, de lugar, o simplemente se ira, probablemente con dolor pero eso si, sin drama lo dejare fluir, lo dejare ser, el señor amor es sabio y cuando se va es porque ha cumplido con su misión, es porque me ha dado lo necesario para evolucionar al siguiente nivel.



Liz Servin

Octubre 2019

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