Mi suceso de dolor y gratitud

Actualizado: 11 de abr de 2019


¿Alguna vez te has imaginado cómo sería desarrollar tu día solo con una mano?

Mi primer choque de auto. Aunque no hubo un desmayo como tal, el impacto de los dos autos generó un inminente shock en mi cuerpo, en el que si bien no perdí la consciencia fueron microsegundo o segundos, como en el limbo. Cuando reaccione y quise bajar del auto mi mano izquierda no respondió. Algo había pasado. Perdí movilidad y debajo de la muñeca había un abultamiento, fue algo así como ver a mi mano embarazada, suena extraño, lo sé. Ya en el hospital, después de haber pedido fármacos que calmarán el dolor y de los rayos X vino el médico a decirme que mi muñeca estaba fracturada y que era necesario colocar una placa y un clavo, de manera que en 2 horas me llevarían a quirófano, ahí supe que la situación era más compleja y que sería un proceso largo.

Debo admitir que al salir de la cirugía, lo segundo que le pregunte al doctor, después de como estaba mi mano, fue que cuando tiempo requeriría de incapacidad, y cuando le escuche decir 2 meses sentí un balde agua fría recorrerme el cuerpo, ¿2 meses fuera de mi trabajo, fuera de mi vida?, ¡diablos Es mucho tiempo, - Ya verás que no, dijo el doctor. En fin no hay de otra.

Hacia algunos meses atrás que había comenzado a sentir mi interior resquebrajarse, parecía que todo a mi alrededor estaba descompuesto, desorientado, mal, meses atrás de este suceso comencé a presentir que venía un profundo cambio en mi interior, aún sin saber bien cómo sería o por donde debía de empezar el llamado a esa transformación se hacía más latente. El primer quiebre vino con la separación que acordamos mi esposo y yo -que ya les contaré de eso en otro capítulo - y a los 10 días de la separación vino el accidente, ¡saz! dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver; la transformación que necesitaba o que le había pedido a la vida había llegado y vaya, que por la puerta grande.

Concibo ese momento como un un regalo de la vida porque mi espíritu, mi alma y mi cuerpo necesitaban un respiro, que de no haber sido por esta situación no me lo hubiera dado. Aunque procuro estar en conexión conmigo, con lo que siento y hacia donde voy, creo que los últimos años había estado corriendo hacia donde yo creía que debía de ir pero sin estar realmente consciente de quererlo.

Fueron necesarias 9 semanas, incluidas las tres de rehabilitación, para que me dieran de alta y para que mi mano estuviera, no como nueva, pero sí lista para retomar la vida. Recuerdo que para la recta final, que era y el periodo de rehabilitación le solicité la médico retomar mi trabajo y a la par llevar las sesiones de rehabilitación y de nuevo un balde de agua fría me arrojo: No, no te voy a dar de alta hasta que tu mano esté rehabilitada; tu mano ya no quedará como antes, tu mano es algo que usarás siempre, si retomas tus actividades la forzaras sin darte cuenta y sanara mal, si no te recuperas bien ahora, las secuelas las llevarás toooda la vida así que por favor espera tres semanas más para volver a tus actividades, ¿que son tres semanas más comparado con los años que quieres vivir?, se la compre, tenía razón, y vaya que le agradezco ese balde, mi mano hoy está maravillosa, prácticamente sin ninguna secuela. Escuchemos y hagamos caso de las recomendaciones de los médicos, ellos saben más.

Esta ha sido una experiencia que me reconcilió con la paciencia, que me ha encarado de frente con el dolor físico y me ha hecho conectar profundamente con el dolor emocional, que si bien la fractura fue “solo” física, el shock, las circunstancias y todo lo que se ha movido al rededor de este suceso ha sido en demasía y en momentos abrumador.

En ese tiempo pude aprender y asombrarme con mayor conciencia de lo sabio que es el cuerpo humano, de lo increíble que es. Creo que muchas veces damos por hecho las cosas, actuamos ya en automático sin percatarnos del gran esfuerzo que hace nuestro cuerpo día con día y del gran instrumento que es y que nos hace la vida mucho más bonita.

Gracias cuerpo, gracias por todo lo que haces día a día conmigo, gracias por sostenerme y cuidar de mi, serás quien me sostenga todos mis años así que voy a cuidarte.


A 10 meses de distancia, con la cicatriz apenas visible y mi mano totalmente recuperada, que por cierto, tuve la fortuna de caer en manos de un gran cirujano, no tengo más que gratitud para “mi día de combo-debut”, como lo he bautizado; en un lapso de 6 horas supe lo que era un choque de auto (en la práctica), experimenté el dolor de un hueso roto y conocí un quirófano. Atravesar esta experiencia me ha hecho más humana, me ha recordado lo vulnerable y frágil que puedo ser y paradójicamente ha crecido mi fortaleza interior y mi fe, en mi y en mi Dios. La recuperación física y emocional ha sido exitosa, me prometí a mí misma volver renovada y más llena de mi y ahí voy, paso a paso, día a día, ya que ese es un trabajo de toooodos los días.

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