Y entonces te enamoras...

“El revolucionario más radical se convertirá en conservador al día siguiente del triunfo de la revolución.” -Hannah Arendt.


Esta cita, que guardo entre mis favoritas, siempre me ha cautivado, tal vez por su inevitabilidad, como si fuera una condena prescrita, y eso fue exactamente lo que me paso.


Crecí en una casa con dos hermanas donde toda la vida nos enseñaron que debíamos valernos por nosotras mismas, para mis papás era obvio que estudiaríamos una carrera, era lógico que seriamos profesionistas o emprendedoras, era casi atinado decir que seriamos independientes, felices, que viajaríamos por el mundo. Y así, como los animales buscan siempre su manada, empiezas a rodearte de amigas que buscan lo mismo que tú, que piensan como tú y que van aportando y enriqueciendo tu identidad, compartes con hombres que se sienten absolutamente cómodos con esta “moda” de la equidad de género, incluso ya tienes el comentario sarcástico, el discurso ya aprendido de tantas veces repetido para aquellos que no, y ves a las mujeres que no buscan su independencia como sus cómplices de traición en esta revolución. Apoyas una causa, te unes a un movimiento, terminas con aquel novio que interfiere con tu libertad, consigues finalmente el trabajo, aquel para el que, en la primera entrevista te dijeron que “preferían un hombre”. Vives sola, viajas sola, comienzas a construir un patrimonio, reafirmas tus metas, pules tus valores, te deshaces de los estigmas de la infancia y entonces, entonces te enamoras.


Cautelosa al principio, como quien no quiere la cosa, pones tus cartas sobre la mesa, de frente le dices la mujer que eres, tus expectativas, tu plan de vida, lo que aceptas y lo que no, que no quieres hijos, que no crees en el matrimonio, que tu carrera está despegando y él, él no se asusta, no se va, no te detiene. Te apoya en cada paso y te admira por eso, es inevitable entonces, ya no hay vuelta atrás, te pasó a ti, lo has encontrado.


¿Qué significa esto ahora? Llorar cuando te pide matrimonio con el anillo que juraste no necesitar, planear en una boda incluso con deferencia a cualquier tradicionalismo cursi, mudarte de ciudad para perseguir sus sueños, renunciar a tu trabajo porque el suyo es mejor. Tener que tomar estoicamente el papel de “ama de casa” cuando realmente no eres ama de nada… ¿Tener que abandonar el discurso de mujer independiente? Tener que defender la otra etiqueta, encontrar una identidad nueva fuera de todo lo que te habías reforzado todos los días en tu vida. ¿Quién eres? Si no eres la mujer independiente, “exitosa”, liberal, feminista… ¿Quién eres?


La vida es esta serie de practicismos en los cuales a veces podemos entretejer el amor, por ello para mí la respuesta era obvia, en esta revolución, que termino siendo solo mía, sigo saliendo al campo de batalla todos los días, y en las noches comparto con una sonrisa mis triunfos, con el enemigo del otro lado de la cama.



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